Biografía por David Muñoz Sanchez para wikipedia.

 

Miguel Vargas Jiménez, (Utrera, Sevilla, 12 de febrero de 1940 – Utrera, 5 de mayo de 1999), conocido en el mundo artístico por el sobrenombre de Bambino, fue un cantante español.

collagebambino

Hijo de Manuel Vargas Chamona y de la bailaora Francisca Jiménez Frasquita, hermana del cantaor Manuel de Angustias, se sintió atraído por el cante desde niño, pero en su juventud tuvo que trabajar, entre otros empleos, en la barbería de su padre. Poco después comenzó a introducirse en el campo musical y debutó como artista profesional en la Venta Real de Antequera (Sevilla) a los 21 años. Allí cantaba una versión por rumbas de “Bambino Piccolino”, canción italianaque popularizó Renato Carosone y que dio a Miguel su nombre artístico.

Comprendió desde el principio que no quería encauzar su carrera dentro de los moldes habituales del cantaor andaluz y prefirió correr el riesgo de buscar su propio estilo. Se dedicó a la interpretación de bulerías, rumbas, coplas y boleros, dentro de un “pseudo flamenco” al que supo infundir una fuerza y un temperamento que no tardaron en proporcionarle la gran popularidad que llegó a tener.

Un dominio excepcional del compás, sus desgarradoras experiencias vitales y sobre todo la peculiar personalidad de Bambino, se vieronreflejados en una larga carrera con actuaciones en teatros, tablaos (fue contratado en los más importantes tablaos de Madrid como Torres Bermejas o Canasteros) y giras por toda España, así como en su numerosa discografía.

Miguel Vargas vivió sus últimos años en Utrera, apartado de la música por un tumorde garganta que acabaría quitándole la vida.

Este gitano de ojos tristes que un día tuvo la lucidez de inventar su propia forma de cantar, hoy por hoy sigue ocupando un lugar aparte en el género que cultivó. En el recuerdo quedan varios homenajes que se le tributaron tanto en vida como después de su muerte.

El 5 de septiembre de 2005 se levantó en Utrera, lugar de nacimiento y muerte de Bambino, un monumento en su honor.


Biografía de Bambino por Manuel Peña Narvaez ( Arte y Artistas Flamencos de Utrera)

 

Miguel Vargas Jiménez (12-2-1940 – 5-5-1999). Nació en plena calle Nueva, hijo del matrimonio gitano compuesto por Manuel Varbambino-dnigasTorres -Chamona- y Francisca Jiménez Ramírez -Frasquita-, reci­biendo las aguas del bautismo en la parroquia de Santiago, de manos de aquel Don Pedrito, de grato recuerdo.

Tras su paso por las escuelas gratuitas del Colegio Salesiano, en­tra en la barbería con su padre y, en su adolescencia, sufre su pri­mer fracaso de amor porque aquella prima gitana no le hacía caso como él quería.

En uno de los primero Potajes Gitanos se queda con aquella for­ma de cantar y bailar el “Chiquillo” de Carasone, Diego el de Glo­ria, y al hacerlo suyo, surge el nombre de Bambino.

Gitanillo de Triana que lo sabe y que viene a verle, se lo lleva a la Real Venta de Antequera que regentaba y de allí a Madrid, al Duen­de, el tablao flamenco de su suegra, la inmarcesible Pastora Impe­rio. Del Duende a Pasapoga y a las Cuevas y de allí al cuadro fla­menco de Los Canasteros, en la madrileñísima calle Barbieri, don­de el genio del arte, Caracol, se fija en él y al cabo de unos días le manda hacerse tres trajes de calle y le sitúa por delante para que exponga su grandeza y su expresión artística, tanto en el cante como en el baile, pues ahí radica uno de los mayores encantos de la cali­dad flamenca de este chaval de Utrera que a raíz de entonces vuel­ve loco al todo Madrid. Ya le escriben canciones Salvador Távora, José Ruiz Venegas y Alfonso Carlos Santisteban. Ya, en olor de mul­titud, entra a formar parte del espectáculo de Torres Bermejas, com­partiendo papel estelar con la Paquera y Faíco. Ese maestro de editoriales que se llamó César González Ruano se quedó prenda­do de su espacialísima forma de jugar con el cuerpo y su chaqueta y le publicó un artículo en el diario Pueblo titulado “A vueltas con la ortodoxia” de bellísimo corte literario.

Generoso y abierto con todos los utreranos que llegaban al tablao de la calle Mesonero Romano, también nosotros, familiar de sangre, tuvimos la oportunidad de conseguir de Miguel la amistad y el contacto con gentes importantes de aquel Madrid de los sesen­tas que se rendía a sus pies y así tuvimos la inmensa suerte de compartir mesa algunas noches con Bobby Deglané, Pepe Nieto y Evaristo Acevedo, amén de conocer a muchos artistas con los que todavía hoy mantenemos amistad. Fuimos testigos de una entre­vista que le realizó el crítico teatral Ángel Laborda, dedicándole dos páginas del famoso rotativo Ya.

Ya también la discografía de Bambino subía hasta ese consegui­do número de casi quinientos temas grabados, musicando cancio­nes de Quintero, León y Quiroga, Solano, Benítez Carrasco, Ar­mando Manzanero y el jerezano Manuel Alejandro. Barcelona, Va­lencia y todos los puntos de España saborean las mieles exquisitas de este gitano de Utrera, donde la rumba, por supuesto, pero tam­bién el bolero, la cantiña y la balada y, sobre todo, la bulería, sona­ban con ese ritmo distinto, con esa cadencia escénica y con ese son de sublime armonía en puro ambiente de locura, cuando Miguel jugaba con sus brazos en el aire y paraba el tiempo a compás, en majestuosa postura de sabor a cante grande.

Entre la primavera y el verano del noventa y seis, ya sabíamos que a Bambino le habían extirpado una cosita en la garganta, al parecer, sin importancia, más, tristemente, poco tiempo después, todo sabíamos que aquello tenía “guasa”. Todos empezamos a entristecernos. Miguel ya estaba en su casa de Utrera, donde ya no aguardaba la musa de su arte, Frasquita: su madre.

En pleno éxito profesional, entres sus innumerables premios y galardones recibidos, Miguel disfrutaba con ese homenaje recibi- do en el XVIII Potaje Gitano en 1975, con ese Mostachón de Plata re­cibido en 1983 y ese otro homenaje de la Peña Flamenca Curro Utrera en 1995.

En su enfermedad recibió homenajes en el Imperial de Sevilla, en el Reina Victoria de Madrid y en Barcelona >e recopilaron sus me­jores canciones en un doble compacto para también reconocer y homenajear su figura, entre otras cosas, por­que Bambino, además de un artista excepcio­nal, era una persona que quería todo el mundo, enamorado de su diferente forma de interpretar la canción. ¡Lo suyo era algo distinto! Bambino, en la canción flamenca, siempre ha sido algo espe­cial. Además de España toda, Europa y América pudieron dar fe de ello
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En abril del 99 y en el teatro municipal Enrique de la Cuadra, la Peña Cultural Flamenca Curro de Utrera le montó un espectáculo con casi todos los artistas locales más José Mercé que vino desde Madrid expresamente para acompañar a Miguel y además hizo venir a Moraíto desde Jerez, con los palmeros Chicharito y Gregorio Fernández. Miguel, que no tendría que haber salido porque se en­contraba ya muy mal, hizo caso omiso a los consejos de familiares y amigos y allí se plantó, con toda la gravedad de sus males a cues­tas, porque, como nos decía su entrañable amigo Rafael Alfaro, Bambino le había pedido un plazo a la muerte, porque soñaba con este homenaje, el último de su vida. Y, como tenía que suceder, el día cinco del mes cinco, cuando las manillas del reloj de la muerte buscaban esa hora lorquiana de los clarines del miedo de las cinco de la tarde, en su cama del polígono El Tinte de casa de su herma­na María -siempre a su lado-, Bambino miró detenidamente a ésta, esbozó tímidamente una sonrisa… y cerró los ojos.

Nosotros lo supimos enseguida y sin meditar siquiera la trage­dia establecimos contactos con los compañeros del periodismo y demás medios de comunicación, ahogando nuestras palabras en cada comunicación, en cada respuesta a pregunta, porque, minuto a minuto comprendimos, cada vez con más tristeza y mayor con­vencimiento a un tiempo, que Utrera acababa de perder a uno de sus mejores artistas de todos los tiempos.

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