Aprovecho la oportunidad que me brinda Salvador de Quinta, director de VIA MARCIALA, para colocarme de rondón entre sus páginas y presentar a sus lectores el libro del que soy autor, y cuyos títulos encabeza estas líneas. Breves han de ser necesariamente porque su objetivo no es otro que el de mostrar con gruesos trazos los perfiles del artista que paseó el nombre de Utrera por lo escenarios de toda España. El detalle se ofrece en doscientas cincuentas páginas, en las que tienen también cabida su discografía completa y cuarenta escogidas fotografías. Veintitrés capítulos y un resumen final componen el libro. En él se despliega datos históricos y se recrean ambientes y personajes, tratando de conseguir una biografía densa, alejadas de los tópicos flamencos al uso, en la que se establece un diálogo constante entre el biografiado y el lector, quien contempla, capítulos tras capítulos, no sólo la construcción de una carrera artística sostenida por el armazón de la canción aflamencada, con la bulería y la rumba como pilares fundamentales, sino las coordenadas vitales en las que se fue forjando la personalidad de un gitano universal.

La biografía novelada de Miguel Vargas Jiménez, Bambino que tal es el género literario en el que podría encuadrarse la obra, está concebida como un intento de descripción de un hombre y de múltiples paisajes.

Un denominador común preside el volumen: La evolución a lo largo de casi cuarenta años de carrera artística, alentada por la profunda influencia que ejercieron sobre su vida las siento setenta y cinco canciones que grabó, desde el lejano 1964, con las que mostró por los cuatro puntos cardinales el sabor inconfundible de la fiesta genuinamente utrerana.

Capítulo tras capítulo, si respetar, por otra parte, un esquema cronológico, ofrezco al lector la imagen del niño Miguel Vargas formando parte de una familia gitana, desde el peluquero adolescente que se gana la vida, tras abandonar el Colegio Salesiano, aprendiendo el oficio de su padre, del joven que escucha en un Potaje Gitano de Utrera la interpretación que Diego el de Gloría hace del tema chiquillo, una canción napolitana que popularizó a mediados de los años cincuenta Renato Carosone y que grabó Gloria Lasso en castellano, a finales de la década, en una versión que decía:

Video canción Gloria Lasso Bambino
Bambino, Bambino, Bambino
tú siempre estás plantando allá por esa esquina.
todo es fumar
todo es mirar aquel balcón,
pobre chaval sin la pasión ya te domina,
será un sufrir,
querrás morir en tu obsesión.
Renato Carosone – Guaglione “Chiquillo”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estamos en 1960. Miguel Vargas hace suya la versión del gitano de Jerez y se sumerge en una metamorfosis plena, hasta el punto de cambiar su nombre por el del tema que canta y baila al ritmo de su rumba flamenca. Así nace BAMBINO, un gitano que sale de pronto de Utrera, se planta en Sevilla, es contratado por la Venta de Antequera, y con el aval de gitanillo de Triana, tras el año y medio del servicio militar en Jerez de la Frontera, debuta en el madrileño tablao El Duende, propiedad de Pastora Imperio. Es el año 1963.

Manolo Caracol lo contrata para su local Los Canasteros en 1964. Las Cuevas de Verjas y Torres Bermejas son los otros dos tablaos de la Gran Vía madrileña que le abren sus puertas y que ponen los escenarios a su disposición. Paralelamente a las actuaciones en directos, comienza una febril actividad de grabación de discos, junto a Alfonso Carlos Santisteban. Paco de Lucía, Paco Cepero y al combo flamenco que le acompaño en contiguas giras por toda España, Caracas y Londres. Es el artista más importante de la discográfica Columbia hasta mediados de los setenta.

La evolución política de España, estamos en época de transición, a la que sigue un cambio de modas culturales, hace mucho daño al tipo de canción que Bambino interpretaba, Son los años de las grabaciones con Rafael de León y con Juan Solano, con Jose Luis Navarro y con Manuel Sánchez Pernía. El artista y el hombre se encuentran el la cumbre del éxito, aunque la repercusión en el ámbito nacional es escasa porque los medios de comunicación se ocupan muy poco del canción aflamencada. Bambino canta a diario en salas de fiestas y en discotecas, en locales pequeños o en fiestas patronales.

Los años ochenta contemplan a un artista exhausto por tanta pasión derramada en los escenarios. Son los años de madurez y de un cierto reconocimiento, sobre todo gracias a un disco grabado en 1985 con la producción de Gonzalo García Pelayo, aún en el catalogo de la discográfica Cía Fonográfica Española, que conecta enseguida con los nuevos aires de rumba y de mestizaje que consolidan en el panorama musical español.

Por fin, los años noventa son años de retorno a Utrera, de galas discontinuas, de proyectos que no cuajan, de deterioro personal y profesional. La garganta destrozada de Bambino no aguanta más y dice basta. Una última grabación en Sevilla, en la primavera de 1996, pone punto y final a la producción discográfica del gitano, Salen al mercado a partir de entonces recopilatorios, antologías y selecciones de sus grandes éxitos. Algunos homenajes-Madrid, Sevilla y Utrera-rescatan del olvido al artista y lo hacen recordar los tiempos de gloria de un pasado ya lejano. Pero, tras el último de ello, el celebrado en el Teatro Enrique de la Cuadra en 1999, Miguel Vargas emprende el último viaje, ligero de equipaje, como decía el verso de Antonio Machado, con el recuerdo de un amor no correspondido por parte de una gitana, con el agridulce sabor de los días felices que no volverán, y con la certeza de haber probado todo, de haber descubierto todo y de haber hecho siempre su santa volunta. En definitiva, una asombrosa personalidad conjugada con letra mayúscula en los torcidos renglones del libro del destino, que le muestran como ser único e irrepetible.

Ése fue Bambino y ése el personaje que desfila a lo largo de doscientas cincuenta páginas, con luces y sombras, con triunfos artísticos y con fracasos personales, con el convencimiento de haber vivido de prisa y apurando al límite cuando la existencia le deparo. Radiografía de su alma. El libro trata de acerca a las nuevas generaciones a un gitano que no se parecía a nadie y al que todos imitaron. Camarón de la isla dijo de él que era el artista de los artistas. Probablemente porque sólo él, Bambino, era capaz de cantar con el corazón y con la garganta. Así fue Bambino y así lo muestro pleno de matices que interesen al lector que guste de editar la cáscara y de profundizar en lo más y recóndito del alma del biografiado, para que su recuerdo perviva y palpite en lo jóvenes oídos de este siglo XXI.

 

Articulo escrito por Santiago González Sacristán, autor de LA FIESTA INFINITA: BAMBINO (1940-1999).
Para la revista local utrerana, VIA MARCIALA nº Mayo 2003 Especial Elecciones


Los beneficios obtenidos de la venta del libro se destino a la construcción del monumento en Utrera

El segoviano Santiago González Sacristán acaba de publicar la biografía de Miguel Vargas Jiménez, Bambino, cuatro años después de su muerte. La obra, titulada “La fiesta infinita”, 1940-1999″, recorre toda la vida del artista utrerano desde que empezó trabajando en la barbería de su padre y cantando y bailando en las reuniones de su pueblo. Según el autor, el gran salto a los escenarios de Bambino se produjo después de una gran actuación en el Potaje Gitano de Utrera, tras la que se le instauró el mote. Ese triunfo le catapultó a Madrid, donde triunfó en los años 60. Sin embargo, como ha ocurrido también con otros artistas de su tierra, Miguel Vargas murió casi olvidado por el gran público después de varios años en los que la voz no le respondía como en sus tiempos de gloria.

Por eso, Santiago González Sacristán afirma que paseará la obra “por toda España”. Además, el autor cederá todos los beneficios de la venta del libro para que se construya un monumento dedicado a Bambino en Utrera, para que así figure también su rostro entre sus paisanos jóvenes, quienes ya llevan en su banda sonora sanguínea temas como “Bambino piccolino”, “Te estoy queriendo tanto”, “Payaso”, “Corazón loco” o “El poeta lloró”.

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