Biografía de Bambino por Manuel Peña Narvaez ( Arte y Artistas Flamencos de Utrera)
Miguel Vargas Jiménez (12-2-1940 - 5-5-1999). Nació en plena calle Nueva, hijo del matrimonio gitano compuesto por Manuel VargasTorres -Chamona- y Francisca Jiménez Ramírez -Frasquita-, recibiendo las aguas del bautismo en la parroquia de Santiago, de manos de aquel Don Pedrito, de grato recuerdo.
Tras su paso por las escuelas gratuitas del Colegio Salesiano, entra en la barbería con su padre y, en su adolescencia, sufre su primer fracaso de amor porque aquella prima gitana no le hacía caso como él quería.
En uno de los primero Potajes Gitanos se queda con aquella forma de cantar y bailar el "Chiquillo" de Carasone, Diego el de Gloria, y al hacerlo suyo, surge el nombre de Bambino.
Gitanillo de Triana que lo sabe y que viene a verle, se lo lleva a la Real Venta de Antequera que regentaba y de allí a Madrid, al Duende, el tablao flamenco de su suegra, la inmarcesible Pastora Imperio. Del Duende a Pasapoga y a las Cuevas y de allí al cuadro flamenco de Los Canasteros, en la madrileñísima calle Barbieri, donde el genio del arte, Caracol, se fija en él y al cabo de unos días le manda hacerse tres trajes de calle y le sitúa por delante para que exponga su grandeza y su expresión artística, tanto en el cante como en el baile, pues ahí radica uno de los mayores encantos de la calidad flamenca de este chaval de Utrera que a raíz de entonces vuelve loco al todo Madrid. Ya le escriben canciones Salvador Távora, José Ruiz Venegas y Alfonso Carlos Santisteban. Ya, en olor de multitud, entra a formar parte del espectáculo de Torres Bermejas, compartiendo papel estelar con la Paquera y Faíco. Ese maestro de editoriales que se llamó César González Ruano se quedó prendado de su espacialísima forma de jugar con el cuerpo y su chaqueta y le publicó un artículo en el diario Pueblo titulado "A vueltas con la ortodoxia" de bellísimo corte literario.
Generoso y abierto con todos los utreranos que llegaban al tablao de la calle Mesonero Romano, también nosotros, familiar de sangre, tuvimos la oportunidad de conseguir de Miguel la amistad y el contacto con gentes importantes de aquel Madrid de los sesentas que se rendía a sus pies y así tuvimos la inmensa suerte de compartir mesa algunas noches con Bobby Deglané, Pepe Nieto y Evaristo Acevedo, amén de conocer a muchos artistas con los que todavía hoy mantenemos amistad. Fuimos testigos de una entrevista que le realizó el crítico teatral Ángel Laborda, dedicándole dos páginas del famoso rotativo Ya.
Ya también la discografía de Bambino subía hasta ese conseguido número de casi quinientos temas grabados, musicando canciones de Quintero, León y Quiroga, Solano, Benítez Carrasco, Armando Manzanero y el jerezano Manuel Alejandro. Barcelona, Valencia y todos los puntos de España saborean las mieles exquisitas de este gitano de Utrera, donde la rumba, por supuesto, pero también el bolero, la cantiña y la balada y, sobre todo, la bulería, sonaban con ese ritmo distinto, con esa cadencia escénica y con ese son de sublime armonía en puro ambiente de locura, cuando Miguel jugaba con sus brazos en el aire y paraba el tiempo a compás, en majestuosa postura de sabor a cante grande.
Entre la primavera y el verano del noventa y seis, ya sabíamos que a Bambino le habían extirpado una cosita en la garganta, al parecer, sin importancia, más, tristemente, poco tiempo después, todo sabíamos que aquello tenía "guasa". Todos empezamos a entristecernos. Miguel ya estaba en su casa de Utrera, donde ya no aguardaba la musa de su arte, Frasquita: su madre.
En pleno éxito profesional, entres sus innumerables premios y galardones recibidos, Miguel disfrutaba con ese homenaje recibi- do en el XVIII Potaje Gitano en 1975, con ese Mostachón de Plata recibido en 1983 y ese otro homenaje de la Peña Flamenca Curro Utrera en 1995.
En su enfermedad recibió homenajes en el Imperial de Sevilla, en el Reina Victoria de Madrid y en Barcelona >e recopilaron sus mejores canciones en un doble compacto para también reconocer y homenajear su figura, entre otras cosas, porque Bambino, además de un artista excepcional, era una persona que quería todo el mundo, enamorado de su diferente forma de interpretar la canción. ¡Lo suyo era algo distinto! Bambino, en la canción flamenca, siempre ha sido algo especial. Además de España toda, Europa y América pudieron dar fe de ello
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En abril del 99 y en el teatro municipal Enrique de la Cuadra, la Peña Cultural Flamenca Curro de Utrera le montó un espectáculo con casi todos los artistas locales más José Mercé que vino desde Madrid expresamente para acompañar a Miguel y además hizo venir a Moraíto desde Jerez, con los palmeros Chicharito y Gregorio Fernández. Miguel, que no tendría que haber salido porque se encontraba ya muy mal, hizo caso omiso a los consejos de familiares y amigos y allí se plantó, con toda la gravedad de sus males a cuestas, porque, como nos decía su entrañable amigo Rafael Alfaro, Bambino le había pedido un plazo a la muerte, porque soñaba con este homenaje, el último de su vida. Y, como tenía que suceder, el día cinco del mes cinco, cuando las manillas del reloj de la muerte buscaban esa hora lorquiana de los clarines del miedo de las cinco de la tarde, en su cama del polígono El Tinte de casa de su hermana María -siempre a su lado-, Bambino miró detenidamente a ésta, esbozó tímidamente una sonrisa... y cerró los ojos.
Nosotros lo supimos enseguida y sin meditar siquiera la tragedia establecimos contactos con los compañeros del periodismo y demás medios de comunicación, ahogando nuestras palabras en cada comunicación, en cada respuesta a pregunta, porque, minuto a minuto comprendimos, cada vez con más tristeza y mayor convencimiento a un tiempo, que Utrera acababa de perder a uno de sus mejores artistas de todos los tiempos.
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